Control de la diabetes en México. Últimos avances y tratamientos
Actualmente la diabetes tipo 2 no se cura, pero sí se puede controlar. En las personas mayores el objetivo no consiste en obtener cifras perfectas a cualquier precio, sino en mantener buena calidad de vida, evitar caídas y desmayos por azúcar baja, y proteger el corazón y los riñones (Longo et al., 2019; Viljoen y Sinclair, 2011).
¿Qué tratamientos han demostrado ser más eficaces?
El tratamiento de la diabetes puede considerarse un balance entre cuatro elementos: alimentación, ejercicio, educación sobre la enfermedad y medicamentos (García Soidán y Riveiro Villanueva, 2025). En México, según la encuesta nacional de salud, la diabetes afecta a casi 1 de cada 10 adultos, y el riesgo crece con la edad: en mayores de 60 años es hasta 11 veces más probable en mujeres y más de 30 veces más probable en hombres comparado con adultos jóvenes (Campos-Nonato et al., 2020). Por eso el tratamiento en esta etapa merece cuidados especiales.
La primera línea: metformina
El medicamento de arranque en casi todo el mundo, y también en México, es la metformina. Es eficaz, barata, disponible en el IMSS e ISSSTE, no produce bajadas de azúcar (hipoglucemia) y ayuda a proteger el corazón (García Soidán y Riveiro Villanueva, 2025; Hoy, 2023). Su efecto secundario más común es malestar estomacal o diarrea al inicio, que suele mejorar si se empieza con dosis bajas y se toma con los alimentos (García Soidán y Riveiro Villanueva, 2025). En personas mayores hay dos precauciones: revisar que los riñones funcionen bien y vigilar los niveles de vitamina B12, porque su uso prolongado puede reducirla (Hoy, 2023).
La regla de oro en adultos mayores: evitar las bajadas de azúcar
Con la edad, el cuerpo se vuelve más vulnerable: una hipoglucemia (azúcar muy baja) puede causar confusión, mareos, caídas, fracturas e incluso daño al corazón (Longo et al., 2019; Viljoen y Sinclair, 2011). Por eso, en el adulto mayor los médicos prefieren medicamentos de bajo riesgo de hipoglucemia, y suelen fijar metas de hemoglobina glucosilada (la “hemoglobina A1c”, que es como el promedio de azúcar de los últimos 3 meses) menos estrictas: entre 7 y 8.5 % según la fragilidad de la persona, en lugar de perseguir cifras de adulto joven (Longo et al., 2019; Viljoen y Sinclair, 2011).
Además de metformina, se consideran seguros y útiles en mayores:
- Inhibidores de DPP-4 (gliptinas): no bajan de más el azúcar, no suben de peso y se toleran muy bien (Hoy, 2023; Longo et al., 2019).
- Agonistas de GLP-1: muy eficaces, ayudan a bajar de peso y protegen el corazón, aunque son inyectables y pueden causar náuseas (Hoy, 2023; Longo et al., 2019).
- Inhibidores de SGLT2 (gliflozinas): no causan hipoglucemia y protegen corazón y riñones, lo que es oro puro en diabéticos mayores con enfermedades cardiovasculares (Scheen y Bonnet, 2023). La evidencia muestra que su balance beneficio/riesgo es favorable incluso en mayores de 65 o 75 años; el único cuidado es que pueden provocar deshidratación o infecciones genitales, sobre todo en personas frágiles que toman diuréticos (Scheen y Bonnet, 2023).
Los fármacos más “viejitos” (sulfonilureas, como la glibenclamida) son baratos pero producen hipoglucemias, sobre todo en ancianos y con mala función renal. Si se usan, se prefieren los de acción corta como gliclazida; la glibenclamida está prácticamente vetada en el adulto mayor (Hoy, 2023; Longo et al., 2019; Viljoen y Sinclair, 2011). La insulina, cuando hace falta, se empieza de forma simple: una dosis diaria de insulina basal de acción larga, idealmente por la mañana, para que sea más fácil detectar y evitar las bajadas de azúcar (Hoy, 2023).
Y un mensaje clave que repiten los especialistas: trata al paciente, no solo el número (Longo et al., 2019). Una persona de 80 años frágil, con varias enfermedades, no necesita el mismo control estricto que una de 65 sana y activa. Reducir medicamentos innecesarios (la famosa “polifarmacia”) también es parte del tratamiento (Longo et al., 2019).
¿Qué comer? La cocina mexicana tiene diferentes opciones
Al abordar la alimentación las personas no necesitan renunciar a los sabores de México. De hecho, la comida tradicional mexicana —frijoles, tortilla de maíz, nopales, verduras y leguminosas— es de las mejores dietas para controlar la diabetes.
Un estudio hecho en México con miles de pacientes encontró que quienes seguían un patrón “saludable” (verduras, frutas, tortilla de maíz y leguminosas) tenían mejor control de su azúcar, mientras que quienes comían al estilo “occidental” (refrescos, frituras, carnes grasas, chocolates) o muchos postres y lácteos azucarados tenían peor control (Martínez et al., 2020). No se trata solo de cuántos carbohidratos se consumen, sino de qué tipo de carbohidratos se ingresan a la dieta (Martínez et al., 2020).
El “índice glucémico”
El índice glucémico es una medida de qué tan rápido sube el azúcar en la sangre después de comer un alimento. Los que lo tienen bajo suben el azúcar despacio; mientras que quienes tienen este valor alto indican una subida mayor en un menor lapso de tiempo. Estudios realizados precisamente con dieta mexicana demostraron que una alimentación de índice glucémico bajo mejora la hemoglobina A1c, baja de peso y mejora el colesterol (Jimenez-Cruz et al., 2003; Jiménez-Cruz et al., 2004).
En esos estudios, los participantes comieron más frijoles pintos, tortilla de maíz, nopales y frutas como manzana, pera, chabacano y naranja, y evitaron el pan blanco, el arroz blanco, la papa y las frutas de índice alto como papaya, mango, plátano, sandía y piña en exceso (Jimenez-Cruz et al., 2003). Fíjate que la tortilla de maíz (sobre todo la tradicional nixtamalizada) es un carbohidrato de liberación lenta: no tienes que eliminarla, solo cuidar la porción.
¿Qué platillos son buenas opciones para personas con diabetes?
- Frijoles de olla con tortilla de maíz: los frijoles hervidos son excelentes (fibra + proteína). Solo hay que tener precaución con los refritos, ya que se preparan con manteca o aceite (Jiménez-Cruz et al., 2004).
- Nopales asados o en ensalada: los nopales ayudan a suavizar la subida de azúcar y son muy económicos.
- Caldo de pollo o de res con verduras: calabacitas, chayote, zanahoria, elote en poca cantidad; caldos ligeros, sin mucha grasa.
- Pescado a la veracruzana o zarandeado: rico en grasas buenas.
- Pollo asado o al horno sin piel: con ensalada de jitomate, cebolla, aguacate y limón.
- Guisados sin manteca: por ejemplo, chile relleno de queso (sin capear), tinga de pollo, verdolagas, quelites.
- Agua de limón, de jamaica o de tamarindo SIN azúcar: (o con muy poca), en lugar de refrescos.
- Avena, amaranto y leguminosas: como lentejas o habas, que dan saciedad.
En cuanto a la preparación: prefiere hervido, asado, al vapor o a la plancha; evita lo frito y lo capeado. Y en el adulto mayor es clave no caer en dietas extremas: las guías para ancianos recomiendan pocas restricciones severas, alimentos con muchos nutrientes y proteína suficiente (unos 1.0 a 1.3 gramos por kilo de peso al día) para proteger el músculo y evitar la fragilidad (Josse et al., 2008). También se sugiere fibra de 25 a 35 gramos al día (frijoles, verduras, frutas con cáscara), aumentándola poco a poco y tomando más agua para no estreñirse (Josse et al., 2008). Comer a horarios regulares también ayuda a que los medicamentos no provoquen bajadas de azúcar (Hoy, 2023).
Malos hábitos que conviene dejar
- Fumar: En adultos mayores con diabetes, fumar se asocia con peor salud general, más días de enfermedad y peor calidad de vida. Dejarlo es de las decisiones más rentables para la salud (Qin et al., 2019).
- El sedentarismo: La inactividad física empeora la resistencia a la insulina (la “llave” que ya no abre bien las células para que entre el azúcar). Caminar 30 minutos diarios, hacer jardinería, bailar o ejercicios sencillos de fuerza (sentadillas agarrado de una silla, pesas ligeras) mejoran el azúcar y la fuerza muscular (Lee y Halter, 2017; Qin et al., 2019). La recomendación general es unos 150 minutos de actividad moderada a la semana, adaptada a la capacidad de cada quien (Lee y Halter, 2017).
- Tomar refrescos y jugos azucarados a diario: En México, la costumbre del refresco es muy fuerte, y es uno de los hábitos más dañinos para la glucosa.
- Comer diario comida chatarra, frituras, pan dulce y golosinas: Son justo el “patrón occidental” ligado al mal control de la diabetes (Martínez et al., 2020).
- Saltarse comidas o quedarse horas sin comer cuando se toman medicamentos que bajan el azúcar: Aumenta el riesgo de hipoglucemia peligrosa (Longo et al., 2019; Viljoen y Sinclair, 2011).
- No medirse y no checarse: En México, casi un tercio de las personas con diabetes no usa ninguna estrategia para medir su control y muy pocas se miden la hemoglobina A1c (solo ~15 %), que es la prueba que muestra el promedio de azúcar (Campos-Nonato et al., 2020). Medirse, acudir a chequeos, revisar la presión y cuidar los pies (revisarlos a diario, usar zapatos cómodos) previene complicaciones graves (Campos-Nonato et al., 2020).
- Automedicarse o copiar el tratamiento de otra persona: Cada caso es distinto; en el adulto mayor la elección de medicamentos es muy personalizada (Hoy, 2023).
¿Y los refrescos Light?
Primero, ¿qué sabemos del refresco normal (azucarado)? Es claramente dañino. Un metaanálisis (suma de muchos estudios) calculó que quienes toman más bebidas azucaradas tienen alrededor de 30 % más riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, incluso después de considerar la obesidad (Wang et al., 2014). El refresco normal le pega doble al diabético: mucha azúcar que sube la glucosa de golpe y calorías vacías que engordan.
¿Y las bebidas Light? Este tipo de bebidas no tiene azúcar pero usan edulcorantes artificiales (en México, típicamente aspartame y acesulfame K). En el momento inmediato, no dispara la glucosa como lo hace el refresco normal, así que en ese sentido sí es “menos mala” que la versión con azúcar (Daher et al., 2019). Pero “menos mala” no significa buena. Cada vez hay más evidencia de que el consumo habitual de edulcorantes artificiales no es tan inocente como se creía:
- Un gran estudio francés (NutriNet-Santé), con más de 100 000 personas seguidas ~9 años, encontró que quienes consumían más aspartame, acesulfame K y sucralosa tenían mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, incluso ajustando por otros factores (Daoust, 2023). La propia Organización Mundial de la Salud, en su revisión de 2022, advirtió de una asociación entre edulcorantes sin azúcar y mayor riesgo de diabetes y obesidad, aunque reconoce que la calidad de la evidencia aún es limitada (Daoust, 2023).
- No todos los estudios coinciden: algunos no encuentran relación cuando se toman en cuenta otros factores (como que la gente con sobrepeso toma refresco light precisamente porque está tratando de bajar de peso) (Daher et al., 2019). Por eso la ciencia dice que la evidencia es “heterogénea”, es decir, aún no hay una conclusión definitiva (Daher et al., 2019).
- Hay además un efecto indirecto: los edulcorantes mantienen el gusto por lo dulce, estimulan hormonas del intestino (como el GLP-1) y podrían alterar la comunidad de bacterias intestinales, lo que a la larga no ayuda a reaprender a comer sano (Brown et al., 2012; Daoust, 2023). Un estudio con jóvenes mostró que la soda de dieta aumentaba la secreción de GLP-1 en personas sanas y con diabetes tipo 1, pero no en las que tenían diabetes tipo 2; la importancia clínica de esto aún no se conoce (Brown et al., 2012).
En resumen: el refresco Light no es saludable ni debe verse como agua. Es un “mal menor” comparado con el normal: si alguien toma tres refrescos normales al día y los cambia por Light, probablemente sí mejore sus cifras (Daher et al., 2019). Pero la meta ideal, sobre todo para una persona mayor con diabetes, es ir reduciendo el consumo poco a poco hasta quedarse con agua simple, agua mineral o aguas frescas sin azúcar (Daoust, 2023; Wang et al., 2014).
El mejor tratamiento hasta ahora para la diabetes en un adulto mayor en México es una combinación que sí está al alcance: metformina y otros medicamentos recetados por su médico según sus necesidades (García Soidán y Riveiro Villanueva, 2025; Hoy, 2023), tortilla de maíz, frijoles, nopales y verduras del mercado (Jimenez-Cruz et al., 2003; Martínez et al., 2020), caminar diario, dejar el cigarro y el refresco (Qin et al., 2019; Wang et al., 2014), y medirse la glucosa y la hemoglobina A1c con regularidad (Campos-Nonato et al., 2020).
Referencias
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